UN LUGAR PARA EL MIEDO

mitologia

El reino de hades

El Reino de Hades

En la mitologia Griega el nombre de Hades puede prestarse a confusión, porque los antiguos griegos lo utilizaban indistintamente para denominar al dios que reinaba el inframundo y para designar al mundo subterráneo mismo. El Reino de los muertos, buenos o malos, era el lugar donde las almas de estos eran guiadas por el Dios mensajero Hermes para ser juzgadas y conocer su destino final.

El proceso que pasa el espíritu de una persona muerta desde que abandona su cuerpo hasta que es asignado a una región del Hades es el siguiente: cuando un muerto es sepultado Hermes lleva su sombra a las profundidades de la tierra, hasta los umbrales del Hades, un mundo rodeado por ríos de aguas lentas y estancadas, al cual se accede por una caverna. El reino esta rodeado por 4 rios en parte subterráneos, el Estige (rio del odio), el Aqueronte (rio de la aflicción), el Lete (rio del olvido) y el Piriflegetonte (rio del fuego). En la penunbra de las profundidades, el espíritu llega a un ancho rio de aguas turbulentas, entonces alquila una barca conducida por un viejo miserable, siniestro y sombrío que tiene muy mal caracter, el barquero de los infiernos Caronte o Acheron, que tenía por función llevar a las almas de los muertos a través de los ríos que separan el Mundo Subterráneo.

Duro, avaro e inflexible, exigía a las almas de los muertos el pago de un obole (moneda que tradicionalmente se colocaba en la boca del cadaver enterrado) por la travesía que les permitiría cruzar el río. Caronte, el hijo inmortal del Erebo y de la Noche, llevaba las almas de los muertos por el Estige y según otros mitos también por los demás ríos, el barquero no dejaba pasar ni a los vivos ni a los muertos sin sepultura, no permitía que ningun ser vivo subiera a su barca e hiciera la travesía, Hades lo había instruido para que no dejara cruzar el río a ninguno, con todo algunos héroes lograron burlar su vigilancia o convencerlo para que hiciera una excepción a la regla.

Los espíritus guiados por Caronte llegaban entonces al otro lado del caudal, hasta las puertas del Hades, vigiladas por un horrible y gigantesco perro humanoide de tres cabezas y con cola de serpiente, Cerbero. Pese a su aspecto horrible esta bestia no hacía ningún daño a las sombras de los muertos. Según la mitología, Cerbero era hijo de Tifón y Equidma, y era el guardián de los infiernos. El can asesinaba a cualquier ser vivo que se acercara al Reino de los muertos, salvo en contadas ocasiones, así, Orfeo logró dormirlo gracias a los sones de su música, y Eneas lo durmió gracias a una comida especial preparada por la Sibila. En combate, solamente Hércules fue capaz de derrotarle, después de encadenarlo lo llevó hasta Trezena como uno de sus famosos “Trabajos de Hércules”, tras lo cual lo restituyó al infierno. Este ha sido el único periodo en que Cerbero ha abandonado la entrada del reino de Hades.


Caronte Guiando su Barca

Desembarcada la sombra y tras cruzar las Puertas del Hades estas quedaban completamente cerradas (tan sólo pudieron volver a atravesarlas Ulises y Hércules como precio de una batalla, y Orfeo como precio por la pérdida de Eurydice). Los espíritus que llegan al Hades pasan entonces a través del Campo de Asphodel (llanura de Asfódelo), un lugar gris, chato y nebuloso con árboles de ramas inclinadas hacia el suelo. Más allá estan los verdes prados de la Región del Erebo y la laguna Lete o río Leteo, donde ivan a beber los muertos (al beber olvidaban su vida pasada y recuerdos). Más adelante se alzan las torres del Palacio de Hades y Perséfone. Justo antes de llegar a los límites del palacio real, las sombras se detenían en el Palacio de Justícia, en espera del juicio sobre su vida pasada. Un tribunal formado por 3 jueces, Minos, Radamantis (Rhadamanthys) y Éaco (Aecus), elegidos por su gran sabiduría y por la vida ejemplar que habían llevado, sometía a los espíritus recien llegados a un juicio de los actos que habían realizado en vida.

Todos los días los muertos eran llevados a su presencia, según el veredicto de este juicio, los espíritus seguían uno de los siguientes tres caminos o senderos.

Si no son juzgados ni como bondadosos ni como malvados, las almas son enviadas de nuevo por el ramal principal del Estigia hasta las “praderas de los asphodeles” o llanura de Asfódelo, el lugar más frecuentado, porque pocos lograban convencer a los jueces de que tenían derecho a trato distinto. La gran mayoria de las almas, pálidos reflejos de los vivos que fueron, se quedan eternamente en esta zona intermedia. Muchos permanecían en aquel triste lugar donde la noche y el día no eran más que un eterno crepúsculo. Los condenados se pasaban la eternidad dando vueltas sin objeto.

Si en el juicio han sido considerados como bondadosos, entonces son enviados al Elyseo o Campos Elíseos a través del Río Aqueronte, un tranquilo y apacible lugar donde los espíritus viven en felicidad. Entre los difuntos este era el destino de los más afortunados (una minoria), el Elyseo es una región menos sombría con grandes prados cubiertos de flores, un lugar paradisíaco donde los pájaros cantan en los árboles, brilla el sol en un cielo azul de nubes blancas y vaporosas, el son de la música de la flauta o de la lira y la danza alegraban continuamente la vida. No existía la noche, las sombras no necesitan descanso y banqueteaban cada vez que alguien lo deseaba, el vino era abundante pero a nadie le hacía daño. Los que tenían la suerte de llegar gozaban del privilegio de poder volver a la tierra si querían, pero su nueva vida era tan feliz que poquísimos se decidían a dejarla, ni siquiera por un tiempo mínimo. El prudente juez Radamantis gobernaba en los Campos Elíseos.

Por último, si han sido considerados malvados, los espíritus son enviados a la región del Tártaro a través del río Phlegethon, tierra bordeada por una parte de la Estige y situada en las profundidades extremas, donde reina una noche eterna. Los que han cometido los más graves pecados son arrastrados allí, en este siniestro lugar los grandes criminales llevan su suplicio, allí Zeus encerró a los Titanes rebeldes. A la entrada había una enorme puerta de bronce cerrada por dentro, que sólo se abría para recibir a los muertos que ivan llegando. El Tártaro era muy parecido al Infierno de los cristianos, un lugar de penas y condenación eterna reservado a los malvados o aquellos que habían desafiado a los dioses. En las altas murallas que los rodeaban los gritos de angustia resonaban sin cesar.

 

A grandes rasgos, el Hades es recorrido por un gran río llamado el Río Estigia (Styx), formado por aguas negras y emponzoñosas, que desemboca en la Laguna conocida como Estigia, este gran río se compone de varios ramales, de nombres, Aqueronte (Acheronte), río que por dar de beber a los Titanes durante su guerra contra los Olímpicos, fue condenado por Zeus a ser uno de los ríos del reino subterráneo y que atraviesa el Elyseo hasta llegar al Erebus, el Cocytus (Cocito), otro gran río que rodea el inframundo, río afluente del Aqueronte. Sus aguas se forman de las lágrimas de los malos. En sus orillas caminaban errantes las almas de los muertos privados de sepultura que esperaban conocer la decisión de los jueces, relativo al destino que les había sido reservado, y el Río de Fuego conocido como Flegetonte (Phiegethon), que llega hasta el Tártaro, también estaban el Aornes y el río Leteo (Lethe), del cual se decía que si bebías de sus tranquilas aguas se perdía la memoria hasta que bebieras agua de un río que fluya por el Olimpo, y que se encuentra en el borde exterior del Hades, a las mismas puertas. Asimismo el Hades está dividido en cuatro grandes zonas.

Cerbero el Guardian del Reino de los Muertos
El Erebus: Allí se encuentra el palacio de Hades y Persefone, así como el nexo místico que permite el acceso al Olimpo (el Elyseo), cerca del hogar de Caronte, el barquero.

Campos de Asphodeles: Lugar de tránsito de las almas, donde se encuentra la entrada al reino del Hades, y donde se puede encontrar la guarida de Cerbero, el can guardián de los infiernos. Al final de los Campos y entre el Erebus y el Tártaro se encuentra el Palacio del Juicio, donde son juzgados los espíritus de los muertos.

Elyseus: Región cruzada por el Rio Acheronte, zona apacible y donde los espíritus viven en paz.

Tártaro: Zona en la que se ubica el palacio del Tormento, recinto en el que se encuentran encerrados los Titanes, los vengadores, los malvados y algunos seres mitológicos que sufren el castigo de haber ofendido a los dioses, como Tifón, condenado a que las arpías le devoren por haber atacado a los dioses.. allí todos ellos son sometidos a graves penurias y castigos


Camelot: Capital Del Reino Del Rey Arturo

n palabras de los poetas medievales y otros escritores, Camelot fue la capital del reino del rey Arturo, el héroe británico que reinó en el seno de una brillante corte. Allí vivía el rey rodeado de sus caballeros de la Tabla Redonda: Gawain, Perceval, Lanzarote, Galahad y otros. Es mencionada por primera vez como sede de la corte de Arturo por el poeta Chrétien de Troyes en la segunda mitad del siglo XII. Adquirió gran importancia durante el XIII en el romancero francés, y desde entonces fue el lugar donde se situó la famosa Tabla Redonda.    
       
Mapa ampliable con detalles
Mapa de la supuesta ubicación de Camelot.

La Camelot de esos poetas se encuentra en una tierra inmemorial de bosques encantados y castillos misteriosos, pródigos en maravillas y magia. Allí, Arturo, junto a su compañera, Ginebra, reina a la cabeza de una orden de caballería basada en la de la Francia de principios de la Edad Media. Mientras tanto, los caballeros del rey Arturo parten en pos del Grial, pelean contra monstruos, rescatan a damiselas de las garras de malvados hechiceros, o caen en las redes de encantadoras damas que resultan ser hadas. Se enfrentan a peligros físicos y sobrenaturales, y como principio y fin de todas sus aventuras se erige Camelot, el centro de su universo.

La descripción de esa Camelot de novela es la de un castillo medieval que domina una ciudad, aunque su localización nunca queda totalmente clara. Sir Thomas Malory, escritor del siglo XV, la identificó con la ciudad de Winchester, en el sur de Inglaterra, ya que ésta fue la capital de los reyes sajones desde tiempos de Alfredo el Grande (849-899) hasta su conquista por los normandos (1066). Pero incluso Malory no es consecuente, y en una oportunidad la sitúa más allá de Carlisle, en el norte de Inglaterra.

 

Un Símbolo Del Orden

El poeta del siglo XII Layamón sugirió que el rey eligió esa forma para evitar disputas entre sus caballeros por prevalecer unos sobre otros.
La famosa Tabla Redonda del rey Arturo se encontraba, según los escritores de la Edad media, en Camelot.

Camelot está en todas partes y en ninguna, no es canto un lugar histórico como una ciudad idealizada. A partir de la Edad Media se convirtió en símbolo del orden en medio del caos, del estado ideal frente a la anarquía, de la civilización frente a la barbarie. Surgió y desapareció con Arturo: nadie reinó allí antes que él, y algunos autores medievales dicen que tras su muerte, el rey Marcos de Cornualles la destruyó. Pero, al igual que el propio Arturo, es imperecedera.

En el siglo XII, el escritor Geoffrey de Monmouth ofrece la primera descripción real de la corte de Arturo y la sitúa, no en Camelot, sino en Caerleon, al sur de Gales. Caerleon fue sede de una importante fortaleza de legionarios romanos y se enorgullece de poseer el anfiteatro romano tal vez más bello de Gran Bretaña.

En tiempos de Geoffrey aún podían verse las ruinas de las termas y de los sistemas de calefacción central; probablemente eligió esa ciudad como sede de la corte de Arturo simplemente porque la conocía bien y parecía haber sido en otros tiempos lo suficientemente esplendorosa como para ser la ciudad de Arturo.

Imagen de un anciano , que según algunos es el mago Merlín.

Geoffrey relata cómo Arturo celebró Pentecostés en Caerleon, en un festejo que duró cuatro días, durante el cual lucía su corona y era asistido por reyes, nobles y obispos súbditos suyos, como un rey normando de tiempos de Geoffrey. Entre los caballeros asistentes se encontraban Bedivere y Kay, y los cuatro días transcurrieron entre torneos y otros entretenimientos.

Caerleon -escribe Geoffrey- estaba situada sobre el río Usk, «que corría a un costado de la ciudad, y que los reyes y princesas que llegasen de allende el mar podían remontar con una flota de navíos. En la orilla opuesta, flanqueada de praderas y frondosos bosques, habían embellecido con regios palacios la ciudad, que con los aguilones de sus tejados, pintados de oro, podía equipararse a Roma». Su relato sobre Caerleon se convirtió en la base de las descripciones de Camelot, siendo que hoy se lo conoce esencialmente a través de ilustradores y cineastas, aunque actualmente se muestre como un castillo con pináculos y estandartes ondeantes como los de la alta Edad Media.

 

El Fuerte De La Colina De Cadbury

Representación del artista francés Gustave Doré (s. XIX) del castillo de Caerleon, en el susr de Gales.

El nombre de «Camelot» , utilizado por los escritores medievales, llevó a los posteriores arqueólogos a identificarlo con otros de resonancia similar. Algunos dijeron que se trataba del Camulodunum romano, Colchester, en Essex; otros lo ubicaron junto al Tintagel, en Cornualles, supuestamente cuna de Arturo, en una zona bañada por el río Camel. Sin embargo, el lugar que más alto proclama ser el «verdadero» Camelot es el castillo de Cadbury, al sur de Cadbury, en Somerset, cerca del pueblo de la reina Camel, que domina el cauce del pequeño río Cam.

La primera persona en identificar por escrito Cadbury con Camelot fue el anticuario del Rey, John Leland, quien escribió en 1542: «En el extremo más meridional de la comarca de South Cadbury se elevaba Camallate, que fue en su día una famosa ciudad o castillo…» Sin embargo, los lugareños parecen saber muy poco al respecto, y Leland tal vez llegó a la conclusión de que era Camelot por el nombre del pueblo: Camel. Pero también es posible que supiese de una auténtica tradición que se remontase a siglos atrás.

Pues si existió un Arturo histórico tras el legendario del romance, fue probablemente un jefe guerrero inglés del siglo XV, tras el período romano. Cadbury es considerada en la actualidad como la fortaleza más grande e impresionante conocida en la Gran Bretaña de aquel período, y se piensa que fue la sede de un rey que podía disponer de recursos inigualables en la Inglaterra de su época.

Contrariamente a los castillos medievales, Cadbury era simplemente una colina que había sido fortificada por los celtas con murallas de barro y fosos durante los últimos siglos a.C.

Las excavaciones han mostrado que el fuerte permaneció intacto durante la ocupación romana del sur de Gran Bretaña, que se inició en el 43 d.C., pero fue asaltado y tomado por los romanos dos décadas más tarde. Éstos desalojaron a sus habitantes, y durante unos 400 años el fuerte permaneció más o menos vacío. Cuando las legiones se retiraron, lo volvió a ocupar un jefe local bastante rico.

Hacia finales del siglo VI se construyó un edificio de madera sobre la meseta que domina el monte y se superpusieron nuevas defensas a las murallas superiores. Éstas eran muy elaboradas y evidentemente necesitaron gran cantidad de trabajo, lo cual suscitó la cuestión de quién, en aquel tiempo, podía disponer de la mano de obra necesaria. ¿Podría tratarse de Arturo?

Ciertamente, después de Leland, numerosas tradiciones vincularon a Arturo con Cadbury. La más notable de todas es la que afirma que en la cima de la colina, junto a los restos del edificio de madera, había un lugar conocido a finales del siglo XVI como el Palacio del rey Arturo.

 

La Última Batalla

Éste es un manuscrito flamenco de finales del siglo XV. La representación popular de Camelot es la de un castillo de cuentos de hadas, con pináculos y ondeantes oriflamas.
Cabalgando junto a sus caballeros, Arturo retorna a Camelot.

Muchos años atrás, un labrador que araba un campo junto al río Cam encontró unos esqueletos. Algunos piensan que ese descubrimiento refuerza la tesis de que, además de tratarse de Camelot, South Cadbury fue el escenario de la última batalla del rey Arturo. Las pruebas históricas de esa batalla se encuentran en los Anales de Gales, del siglo X, en los que alrededor de 539 d.C. aparece la inscripción: «La batalla de Camlann, en la que perecieron Arturo y Medraldo.»

La información procedía probablemente de otros anales anteriores, contemporáneos a tal suceso, y es lo más que han podido acercarse a un terreno firme los buscadores de Arturo. El nombre de Camlann deriva probablemente de la antigua voz inglesa Camboglanna, «orilla curva» , es decir, de un río sinuoso. Por ello se cree que el escenario de la última batalla fue el fuerte romano de Camboglanna, en el Muro de Adriano, posiblemente la moderna Birdoswald sobre el sinuoso río Irving.

 

Paisajes Artúricos

Una desgastada inscripción, sobre ésta losa plana de piedra, cerca del puente de Slaughter, a orillas del r�o Camel (Cornualles), originó la especulación de que señalaba la tumba del rey Arturo. (Foto ampliable con detalles)
Ésta podría ser la tumba del rey Arturo.

Pero cuando Geoffrey de Monmouth se puso a contar la historia de la batalla, sabía que la tradición galesa indicaba un Camlann en o cerca de Cornualles, y eligió el río Camel en ese país. En el siglo XVI se pensó que una vega junto al puente de Slaughter, que cruza el río Camel aproximadamente a una milla río arriba de Camelford, era ese lugar. Más arriba del puente de Slaughter, a orillas del Camel, aún se puede ver «la Tumba del rey Arturo» , una losa plana que, en el siglo XVI, los lugareños pensaron que llevaba el nombre de Arturo y que señalaba su tumba. Por su parte, Malory sitúa la última batalla en «una colina junto a Salisbury», no lejos de su Camelot, Winchester.

La verdad es que, a través de los siglos, los relatos sobre Arturo cautivaron de tal forma la imaginación nacional que cada región quería reivindicarlo, y muchos rasgos paisajísticos se vincularon a él. Éste es el Arturo, no del romance, sino del mito y la leyenda, la más de las veces una figura titánica capaz de dar forma a los numerosos Tejos de Arturo -cámaras funerarias prehistóricas, de las que sólo en Gales se encuentran nueve- o de sentarse en la Silla de Arturo, la gran roca volcánica que domina Edimburgo.

La muerte del rey Arturo por el pintor James Archer (siglo XIX).

Éste es también el Arturo que no murió, sino que duerme en un misterioso lugar subterráneo rodeado de sus caballeros. Varias grutas de Arturo en Gales lo esconden; y existen más de doce lugares donde se dice que duerme. Entre ellos están el castillo de Sewingshields, que se erigió junto al Muro de Adriano, y las colinas de Eildon, en la frontera con Escocia.

En el sur, descansa bajo el castillo de Cadbury en una cueva cerrada por puertas de hierro. Allí, según la tradición local, hay una noche al año en que se abren, y es posible verlo en el interior. La firme convicción de que Arturo nunca murió subsistió allí, a distancia visible de Glastonbury (donde, en 1191, se afirmó haber encontrado la tumba «oficial» de Arturo), al parecer hasta el siglo XIX cuentan que uno de los lugareños preguntó con inquietud a un grupo de arqueólogos que habían ido a Cadbury para ver «Camelot» si se iban a llevar al rey. Aunque no existiera nunca un Camelot, ni un Arturo, es evidente que ambos han alcanzado la verdadera inmortalidad.


¿Qué es la magia?

Básicamente, podemos definir la magia como un conjunto de teorías místicas y prácticas rituales que sólo adquieren sentido a la luz de una cosmovisión que postula otro concepto distinto del mundo y del hombre. No es, por lo tanto, raro que al hombre medio le resulten ridículos, cuando no disparates delirantes, los gestos rituales del mago, o su estrafalaria forma de vestir y de percibir el cosmos, por no mencionar sus creencias. Nada de lo que éste cree o hace puede ser entendido si no se tiene en consideración la teoría de la realidad que está en el origen de esos gestos rituales, creencias y estilo de vida.

El primer postulado del pensamiento mágico es que todo fenómeno, físico o psíquico, es forzosamente el efecto de una causa, así como causa generadora de nuevos efectos. Ésta es una ley universal. Ninguna causa puede ser privada de su efecto. Esta ley permite comprender buena parte de las prácticas mágicas. Así, por ejemplo, todo fenómeno implica una carga de energía y una liberación de esa carga en el efecto que le es propio. Si se bloquea el cauce normal de la energía que libera el fenómeno, de tal forma que se impide que éste desemboque en su efecto natural, esa energía que no puede suprimirse puede desviarse y generar un efecto distinto. La magia pretende, desde el conocimiento de este tipo de relaciones, alcanzar el control de esta energía y la habilidad de dirigirla, conforme a la voluntad del mago y para satisfacer sus propósitos.

El segundo gran postulado del pensamiento mágico es la denominada ley de las correspondencias, o de las grandes analogías. Ésta viene a afirmar que todos los elementos de un plano cualquiera de realidad están vinculados también causalmente con sus elementos correspondientes de todos los otros planos que configuran el cosmos creado. No sólo todos los niveles están relacionados por este vínculo, sino que cada plano o nivel de realidad tiene, en última instancia, la misma estructura o forma. A la estructura y forma del macrocosmos (gran mundo), corresponde con precisión la estructuración de los elementos que configuran el microcosmos (el hombre).

Eficacia de la magia

La clave de la eficacia hay que buscarla en la psique del mago, que incluso puede diseñar sus propios rituales sobre el mismo principio de coherencia interna del sistema. Pero éstos son medios para facilitar el verdadero trabajo de integración psicológica, de apertura mental, de adecuada para plasmar una imagen mental lo más clara y precisa posible (imaginación mágica) y de lanzarla en una determinada dirección después (voluntad mágica), con el objetivo de que produzca el efecto concreto que el mago desea.

La clave de la eficacia mágica siempre reside en la imaginación y en la voluntad del mago y, como se ha hecho, es posible asimismo explicar el fenómeno en términos de psicología moderna. En este sentido, por ejemplo, la apertura de las puertas del Infierno (para la cual se emplea la Goetia, o magia de lo tenebroso), puede entenderse como desbloqueo y exploración consciente del inconsciente, traduciendo cada una de las categorías de la tradición mágica a categorías propias de la moderna psicología.

Para el mago se trata de una falsa alternativa. En último término, la cuestión de sí el ser invocado existe sólo como realidad subjetiva, o también como ente objetivo, no tiene solución desde el punto de vista intelectual, dado que siempre que hablamos de un objeto o ser cualquiera nos referimos a la unión (o yoga) de un objeto y un sujeto en el campo de nuestra consciencia.

La capacidad creadora

Originariamente, para la perspectiva de la cultura mágica, la relación o vínculo entre el nombre y la cosa nombrada no tenía nada de convencional, aunque la perversión humana acabó por deteriorar este vínculo causal que asociaba de forma íntima en nombre y la cosa nombrada. La palabra original, obtenida mediante revelación, o legada crípticamente a través de la tradición secreta en fórmulas rituales, está cargada de poder atractivo, evocador e invocador de las realidades concretas que designa y que pertenecen a otro plano de realidad que le está subordinado.

En la misma línea, para esta cosmovisión la imaginación y la voluntad humana es portadora de una fuerza tan real y operativa como la corriente eléctrica. Precisamente, el adiestramiento del mago consiste en aprender a concentrar, dirigir y controlar esa fuerza mental para conseguir efectos en el mundo fenoménico. La psique humana tiene, a imagen del Creador, la capacidad de crear realidad mediante la fuerza del pensamiento, a través de una técnica adecuada que se simboliza en la palabra cargada de poder por la voluntad del mago. Del mismo modo, también están cargadas de poder, o pueden cargarse de poder, determinadas configuraciones gráficas, como las geometrías mistéricas, signos, talismanes, amuletos, configuraciones fonéticas, etc.

Tipos de magia

Magia, como insisten todos los grandes iniciados, sólo hay una. No obstante, en general se ha hecho clásica una distinción conceptual en función de los objetivos que persiguen los operadores o magos.

Por pequeña magia se entienden aquellas operaciones orientadas a conseguir determinados logros prácticos en la vida cotidiana: el amor de alguien, fortuna y posición social, su enfermedad, desgracia o muerte, su protección o su cura de una dolencia, etc. También se ha difundido mucho la distinción, en este apartado, entre magia blanca (medicinal, benéfica) y negra (de maleficio).

Por alta magia, en cambio, se entiende el conjunto de teorías y prácticas rituales orientado a la realización de una alquimia interior, de un desarrollo psíquico y espiritual que eleve al operador o mago de su condición humana ordinaria y lo ponga en camino de acceder a planos de realidad superiores, con un control mucho mayor que el que tiene sobre el espacio y el tiempo. El objetivo de la denominada alta magia es, por lo tanto, el crecimiento interior con vistas al acceso del ser a dimensiones más sublimes de la Creación.

El libro de las fórmulas mágicas

El libro de las fórmulas no es ningún manual de desciframiento, sino un auténtico libro de anotaciones, en el que el verdadero mago traza todo el proceso de su trabajo, desde el principio hasta la finalización de la operación mágica. Si éste no está absolutamente seguro de que el libro no ha de caer en manos de nadie, procede entonces a dotar un punto tras otro con denominaciones ficticias. El hecho de que tales denominaciones caigan en manos profanas, como es obvio, no supone la revelación de ningún secreto.

Libro de las fórmulas En lo que se refiere al contenido y a la estructura del libro de las fórmulas, citaré a continuación sólo unas pocas reglas, que el verdadero mago suele seguir:
1 Objeto de la operación.
2 Elemento, fuerza y plano que entra en consideración.
3 Elección del lugar donde la operación mágica ha de llevarse a cabo.
4 Preparación de todos los medios auxiliares necesarios para la operación.
5 La propia operación mágica.
6 Adopción de la forma divina que está por encima de todos los seres respectivos, es decir, establecer contacto con la respectiva divinidad, incluyendo atributos y propiedades, etc.
7 Trazado del círculo mágico con el pensamiento en Dios (el círculo mágico es un diagrama simbólico del Infinito y lo Divino).
8 Trazado del triángulo mágico (el triángulo mágico es un diagrama que representa el mundo tridimensional y todo lo creado).
9 Disposición del incensario, e incluso quema de incienso si es necesario.
10 Encendido de la lámpara mágica (simboliza la iluminación interna).
11 Dotación mágica del sello, pentáculo o lama del ser deseado. Dotación mágica del espejo mágico, si se hace necesario, y de varios, cuando para fines especiales se trabaja con dos o tres espejos.
12 Colocación de la vestidura y preparación meditada de la protección, pureza, etc.
13 Colocación del cubrecabeza, corona, gorro o turbante del mago, y meditación sobre la adhesión a Dios.
14 Ceñirse el hábito con el cinturón mágico, adoptando una actitud de fuerza y dominación sobre la totalidad de las fuerzas, particularmente de los elementos.
15 Colgado de la espada en el cinturón mágico, en actitud de meditación (la espada o daga simboliza la absoluta obediencia de un ser, o de una fuerza, frente al mago. Particularmente si se trata de evocaciones, el mago utilizará la espada mágica cuando alguna fuerza cualquiera quiera hacerle frente).
16 Dotación renovada y orientación simultánea de la varita mágica, que el mago sostiene en la mano derecha. Convicción de que su absoluta voluntad se realice.
17 Penetración en el círculo con el simultáneo sentimiento de adhesión y simbolización del microcosmos y el macrocosmos.
18 Suspensión en el espacio mágico, es decir, exclusión de los conceptos y de la vivencia del tiempo y el espacio.
19 Renovado contacto con la divinidad.
20 Traslado de toda su personalidad al plano respectivo del espíritu, con todos sus instrumentos mágicos.
21 Orden a la fuerza o potencia del plano o del ser que es llamado, y concepción imaginaria de la forma, en la que el ser deseado ha de aparecer en el triángulo o espejo mágico.
22 Regreso con su conocimiento al espacio de trabajo.
23 Transmisión al espíritu de la orden o deseo, lo que debe comunicar o ejecutar el mismo espíritu, sobre cualquiera que sea el plano.
24 Terminado el trabajo, remitir con el conocimiento el ser a aquella esfera de la que fue llamado y conclusión de la operación mediante una oración de gracias.
25 Recogida y puesta a resguardo de todos los instrumentos mágicos.
26 Anotación de todo el transcurso de la operación, del tiempo, éxito, etc., en el libro de las fórmulas.

Los niños y sus encuentros con ángeles

Por grandes que sean las diferencias de criterio entre los especialistas en el mundo infantil, existe consenso en que los primeros siete años son cruciales para el desarrollo y maduración futuros. La intensidad y audacia en los juegos y relaciones, sea con amigos reales o «invisibles», es una muestra de receptividad hacia el mundo espiritual. Generalmente se piensa que, a medida que el niño se va familiarizando con el pensamiento racional, pierde buena parte de la frescura e inocencia que caracterizaban esos años. Sin embargo, en el libro Children and Angels (Los niños y los ángeles) la escritora británica Clennyce S. Eckersley ofrece otra visión del mundo de los adultos, pues ella opina que nunca se llega a perder del todo ese don infantil.

Los investigadores británicos David Hay y Rebecca Nye llevaron a cabo un estudio durante tres años sobre la espiritualidad de la infancia y descubrieron que la mayoría de los entrevistados tenía creencias profundas y experiencias espirituales significativas desde edades muy tempranas. Los niños están convencidos de que poseen su propio ángel de la guarda y no cuestionan la misión de estos seres. Y los más pequeños, con independencia de su origen cultural, hablan de los ángeles con total naturalidad, como si se tratara de amigos de toda la vida.

En muchas sociedades se cree que los bebés de pocos meses poseen la capacidad innata de «ver» más allá de nuestra dimensión física. Este don clarividente desaparece gradualmente con la edad y al llegar a los doce años se han perdido todos o casi todos los vínculos con el mundo espiritual. En la investigación preparatoria de este reportaje he escuchado y leído relatos de muchos padres convencidos de la profunda afinidad existente entre niños y ángeles. Por lo que se refiere a los más pequeños, los padres coincidieron al describir una escena que se repite con frecuencia: el bebé mira fijamente a un punto de la habitación, generalmente el techo, y en un momento dado sonríe o ríe, como respuesta a alguna forma de comunicación invisible; a menudo extiende sus manos hacia arriba, como si esperara que un ser invisible le cogiera en brazos.

Los bebés y los ángeles

Tampoco es inusual escuchar relatos de bebés que han sobrevivido milagrosamente tras caer de pisos altos, o en accidentes de tráfico donde mueren los padres pero los pequeños se salvan. Son muchos los que no dudan en atribuir estos sucesos a los ángeles de la guarda. Un ejemplo de este tipo de «rescate angélico» ocurrió en el verano de 1998 en Inglaterra, cuando un hombre llamado Jack llevó a su nieto de trece meses a dar un paseo en coche. Por razones desconocidas, Jack perdió el control del coche y cayó por el precipicio que había a un lado de la carretera. Fue lanzado fuera del vehículo y murió en el acto. Su nieto permaneció dentro del coche durante 72 horas, hasta que fue encontrado vivo y en buen estado de salud por un joven que hacía senderismo en la zona. El coche estaba oculto por una maleza muy espesa y protegido de los rayos del Sol y las inclemencias del tiempo. Durante la vista judicial del caso, todo el mundo hablaba de un milagro, incluso la magistrada. También el policía encargado de las investigaciones dijo que algo o alguien que no era de este mundo había cuidado del niño, salvaguardando su vida.

En los hospitales de todo el mundo se puede asistir diariamente a numerosos prodigios producidos gracias a la tecnología y a la rápida intervención en pacientes que hubieran muerto sólo unas décadas atrás. Pero un milagro auténtico, un caso para el que médicos y enfermeras no encuentren ninguna explicación, es algo muy diferente. Sin embargo, no faltan los ejemplos. Uno de ellos es el caso de Lucy, una niña inglesa de 4 años que ingresó inconsciente en el servicio de urgencias del hospital Santa María de Paddington, en Londres, tras haber sido atropellada por un camión.

Quién salvó a Lucy?

El aspecto de Lucy era tal que las dos doctoras de guardia, Judith y Jenny, no pudieron evitar estremecerse a pesar de tener experiencia en accidentes de todo tipo. Parece ser que acompañaba a sus padres mientras caminaban por Edgware Road, una de las calles más concurridas de Londres. Sin previo aviso, la niña se precipitó en la calzada y se metió literalmente bajo las ruedas del camión, que no pudo frenar a tiempo. Todo el tonelaje del vehículo pasó sobre el cuerpo de la pequeña.

Después de examinarla, las dos facultativas no daban crédito a sus ojos, ya que sólo le encontraron un pequeño cardenal en el hombro. Mientras la llevaban al departamento de radiología, la niña abrió los ojos y preguntó que «dónde estaba el hombre vestido de blanco brillante». El radiólogo pensó que se refería a é1, ya que, como todos los médicos, vestía bata blanca, pero la niña repetía que ella hablaba del «hombre con el vestido largo que brillaba». Una de las doctoras intentó tranquilizar a Lucy, pensando que todo era producto de su imaginación, pero la niña mantenía su relato con tenacidad, insistiendo en que aquel personaje luminoso le había acariciado las mejillas mientras la cogía en brazos para evitar que las ruedas del camión aplastaran su cuerpo. Unos minutos después se durmió y no despertó hasta pasadas veinticuatro horas. Transcurrido ese tiempo se le practicaron todo tipo de pruebas y análisis, pero, salvo el pequeño cardenal del hombro, no encontraron nada. Nadie podía creer lo que estaba pasando, ya que el conductor del camión recordaba el ruido producido por las ruedas cuando supuestamente pasaron sobre el pequeño cuerpo y un testigo confirmó que esa versión era cierta. Pero Lucy insistía en que el hombre de blanco le había salvado la vida. Muchos afirmaron sin ningún género de duda que ese «hombre» era su ángel de la guarda.

Estos seres muestran su presencia de muchas formas distintas y una de ellas es mediante los aromas, generalmente de flores como el jazmín. Hace unos años, una joven madre llamada Jane se fue de vacaciones a la costa con sus dos hijas de 5 y 3 años. Cuando llegó a su destino, empezó a llover y el tiempo empeoró de tal modo que, dos días después, Jane decidió interrumpir las vacaciones y regresar a casa. Metió en el coche el escaso equipaje veraniego y se puso en camino, con tan mala fortuna que cuando apenas había recorrido unos kilómetros se desató una lluvia torrencial que le impedía la visibilidad. Las ruedas del coche resbalaban sobre el firme embarrado y Jane empezó a sentir miedo. Decidió parar y, al mirar hacia los asientos traseros, observó que la niña pequeña dormía plácidamente mientras la mayor, sonriendo, le habló como si se tratara de un adulto: «No te preocupes, mamá; los ángeles nos van a ayudar a salir de aquí». En aquel mismo instante, el coche se llenó de un aroma intenso, difícil de identificar, parecido a una mezcla de perfumes, flores y especias. El olor apenas se mantuvo un minuto, pero fue suficiente para que Jane condujera a partir de entonces con mucha más seguridad, sabiendo que tanto ella como sus hijas estaban protegidas por los ángeles. Ya en casa y a salvo, Jane seguía intrigada por el origen de la misteriosa fragancia, aunque siempre convencida de que no era de este mundo.

Visitas sobrenaturales

Aunque existen muchas teorías, no se sabe a qué obedecen las visitas de los ángeles tanto a niños como a adultos. Sin embargo, todo el mundo coincide en que su propósito es siempre positivo y estimulante. La visita o visitas, según las experiencias, permanecen indelebles en el corazón de aquellos que las experimentan y la sensación que éstos tienen es siempre de serenidad, consuelo y valor.

De todas maneras, aunque usted no haya tenido un encuentro angélico, no quiere decir que no goce de la alta protección de estos seres. Los ángeles de la guarda «trabajan a tiempo completo» y están siempre dispuestos a echarnos una mano en cualquier momento. Existen muchas experiencias que así lo prueban.


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