ARTICULO: LA CARRETERA DE LA MUERTE

En el año de gracia de 1929, durante el verano, fué inaugurada una carretera entre las ciudades alemanas de Bremen y Bremerhaven.  Una vez puesta al servicio de la ciudadanía, en el transcurso de un año, ocurrieron más de cien accidentes de tráfico, todos ellos ocurridos de forma misteriosa e inexplicable, como así relataron los numerosos automovilistas accidentados.

Lo que hacía que aquellos accidentes fueran misteriosos, entre otras cosas, era el extraño hecho de que siempre ocurrian en el mismo tramo de carretera, un tramo totalmente recto, el kilómetro 239.

Al ser los automovilistas accidentados interrogados por la policía, los supervivientes, declaraban que al acercarse a ese lugar una extraña sensación les invadía y que una fuerza misteriosa poseía sus vehículos arrojándolos fuera de la carretera, sin poder hacer nada para impedirlo.

El 7 de septiembre de 1930, en el curso del día, 9 automovilistas se estrellaron en el lugar exacto que señalaba el misterioso kilómetro “239”.

Estos hechos tenían totalmente desconcertados a la policía.  Un adivino de la localidad, Carl Wehrs, insinuó que la fuerza misteriosa podría tratarse de una poderosa corriente magnética generada por un río subterráneo. 

Con una varilla de acero se encaminó hacia el misterioso kilómetro 239 para poner en práctica su teoría. 

Al hallarse a unos cuantos metros de él, la varilla de acero repentinamente saltó de entre sus manos como si una fuerza invisible la hubiera arrojado, quedando el bueno de Carl Wehrs temblando…..


Éste, al comprobar lo acertado de su teoría, utilizó para solucionar el problema una idea creada por él.  Esta idea consistía en enterrar una caja de cobre en cuyo interior colocó pedazos de cobre en forma de estrella, en la base de señalización de piedra. Durante una semana la caja permaneció enterrada en ese lugar sin que en ese tiempo hubiera ocurrido accidente alguno. Al ser desenterrada esta caja, los primeros tres automóviles que cruzaron frente a la señalización se estrellaron, haciendo cierta una vez más la maldición que caía sobre ese fatídico kilómetro “239”.
Debido a esto fue enterrada nuevamente la caja.  Desde entonces no ha vuelto a producirse ningún accidente en el kilómetro 239 de la carretera que une Bremen y Bremerhaven.
Los campesinos del lugar culpaban a un demonio de los accidentes.  A su vez, al ser exorcizado de la carretera, este demonio, se apoderó de los aparatos de radio de los citados lugareños, pues desde entonces no se oyeron más que interferencias.

     ¿Posesión diabólica?, ¿Magnetismo?…………….¿puede una carretera ser poseida por una fuerza maligna?, ¿puede una fuerza de la naturaleza provocar esos extraños accidentes?……………….quién sabe…………….


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VIDEO: La puerta al infierno

El Pozo de Darvaza o cráter de Darvaza es una antigua prospección de gas ubicada en el gran desierto de Karakum cerca de la pequeña aldea de Darvaza, en Turkmenistán. El desierto, que ocupa el 70% del país o 350.000 km²,[1] es muy rico en petróleo y gas natural. En los años 50, cuando el país aún formaba parte de la Unión Soviética, el gobierno quiso aprovechar dichos recursos realizando un pozo de uno 60 metros de diámetro por 20 de profundidad. En la actualidad, el cráter está vallado para evitar accidentes puesto que es uno de los principales lugares turísticos del desierto de Karakum.

Casas y lugares embrujados

Se supone que la Casa de los Fantasmas de Disneyland Resort París está habitada por 999 (hologramas). El baile espectral de la novia y sus invitados es el punto culminante de un recorrido en el que hay quien asegura haber asistido a sucesos de lo más extraño, como la presencia de uno más -el Espectro Número 1.000- no invitado precisamente a la fiesta. En la Guía de casas embrujadas del mundo, el italiano Francesco Dimitri, de 25 años, cita este parque temático, junto con otros 20 lugares, en un recorrido donde lo paranormal forma parte de la rutina diaria.

Dimitri cuenta las historias que hay detrás de los edificios embrujados e informa al lector sobre cómo llegar o incluso reservar una visita guiada -pues los fantasmas contribuyen a hacer caja: sus historias son un recurso turístico de primera, y prácticamente todos los sitios citados atraen a muchos visitantes ávidos de curiosidades sobrenaturales-. Desde casos famosos, como las apariciones de presidentes estadounidenses en la Casa Blanca, los tripulantes fantasma del buque Queen Mary -anclado en Long Beach (California)- o el espectro de Ana Bolena en la Torre de Londres, hasta otros menos conocidos, como el del viejo parroquiano que sigue presentándose con regularidad en el restaurante italiano Il Brunello, en Nueva York, pese a llevar varios años muerto. Otro caso es el de la bruja blanca, cuyo fantasma se aparece en la mansión de Rose Hall, en Montego Bay (Jamaica). La tal bruja fue Annie Palmer, una chica francesa que se desposó con el dueño de la casa y la correspondiente plantación azucarera. Craso error. La mujer resultó ser una experta en vudú que no tardó en asesinar a su marido y hacerse con el control de la finca. La leyenda dice que mató a otros dos maridos y a un número desconocido de esclavos negros, con los que se encaprichaba durante unos pocos días y luego sacrificaba en sus ritos de vudú.

“Mi objetivo era contar las historias que hay detrás de todos estos lugares fascinantes. No intento hacer creer que los fantasmas existen. Lo importante es aceptar que podrían existir”, explica Dimitri desde su casa de Roma.

Si la historia del Espectro Número 1.000 de Disneyland le ha erizado ligeramente el vello, debe saber que el autor califica el lugar con una nota bastante escueta (dos fantasmitas de un máximo de cinco). Aun así, le resulta interesante “que una casa falsa muy embrujada se haya convertido en una verdadera casa un poquillo embrujada”. Entre los casos que merecen cinco fantasmitas está el de la rectoría de Borley, un pequeño pueblo de Essex (Inglaterra). Probablemente se trate de la casa embrujada más famosa de todos los tiempos debido a la gran cantidad de extraños sucesos que allí ocurrieron. Aunque un misterioso incendio acabó con la mansión en 1939, hoy puede visitarse la iglesia de Borley, que se halla muy cerca de donde estaba la casa y que parece ser el nuevo hogar de los fantasmas locales.

Pero no todas las apariciones son iguales. Dimitri diferencia entre los espectros residuales y los poltergeist. Estos últimos merecen un capítulo aparte en el libro, ya que son aquellos que interactúan con las personas. Cabe decir que el trato no suele ser lo que se dice cordial. Además de hablar (amenazas e insultos), golpean a las personas o les arrojan cualquier cosa (en ocasiones, hasta gatos), tiran de la cadena, cambian objetos de sitio, desordenan la ropa (tienen especial preferencia por la ropa de cama de color blanco) y en general muestran un comportamiento insensato. Dimitri, suponiendo que se trata de los espíritus de personas desagradables y maleducadas, lo resume con bastante claridad: “El que es imbécil de vivo, es imbécil de muerto”.

Uno de los casos poltergeist más insólitos ocurrió a principios del siglo XIX cerca de la ciudad de Adams (Tennessee). Según cuentan, la familia Bell sufrió durante una década la presencia de un poltergeist que les agredía y les castigaba con insufribles ataques de verborrea: cantaba o repetía los sermones del pastor local. Eso sí, siempre expresó su odio hacia el padre de familia, John, al que supuestamente acabó asesinando al hacerle ingerir un extraño líquido negro. Éste es el único caso documentado en el que un ser sobrenatural podría haber sido el responsable de la muerte de un ser humano. Hoy es posible visitar una gruta -la casa fue demolida- ubicada en la finca Bell y en la que, supuesta y esporádicamente, el poltergeist se sigue manifestando. Eso no impide que los propietarios (descendientes de los Bell) organicen fiestas de halloween, previa reserva, u ofrezcan paseos en canoa en el río cercano. Además se puede visitar la reconstrucción de la casa original (con grabaciones de sonidos fantasmales incluidos). Las reservas se pueden hacer en http://www.bellwitchcave com. La web merece aunque sólo sea una visita: no tiene desperdicio

. Desde finales de los noventa, otro caso ha afectado al cementerio de Greyfriars (Edimburgo). Concretamente, al recinto conocido como El Mausoleo Negro, donde los visitantes sufren extraños ataques al entrar: náuseas repentinas, golpes, manos invisibles que les tapan la boca o la sensación de que hay un animal peligroso agazapado en la oscuridad. Lejos de ahuyentar al personal, en la actualidad se organizan visitas guiadas con una gran afluencia de público, y en las que muchas veces sucede algo. Si decide acudir (reservas, en http://www.blackhart.co.uk), tenga cuidado, ya que el poltergeist suele atacar a aquellos que se separan del grupo.

Aunque en el libro no se cita ningún caso español (el autor apenas conoce España), Francesco Dimitri habla de varios casos en su país -“las casas italianas están embrujadas, pero no demasiado”-, como el jardín botánico de Siena; el castillo de la Rotta, cerca de Turín; el de Montebello, en Rimini, o el de Bardi, cerca de Parma.

Dimitri también incluye consejos para ir a cazar fantasmas, una actividad complicada en la que no se debe olvidar ningún detalle por muy mundano que sea. Además de grabadoras, cuadernos para apuntar, cámaras fotográficas, el autor italiano nos recomienda que llevemos… azúcar. ¿La razón? Muy sencilllo. Es mejor que harina para que los espectros dejen marcadas sus huellas porque hace ruido al pisarlo.

También hay consejos sobre los mejores momentos del día para avistar fantasmas. En algunos casos, los espíritus incluso tienen horarios, que, a pesar de no obedecer a lógica alguna, respetan escrupulosamente: la voz fantasmagórica de una niña resuena en la bodega del castillo de Monte bello los años acabados en 0 o en 5, y en el castillo de la Rotta toca procesión de frailes fantasma las noches del 12 al 13 de junio.

Por último, un breve diccionario descubre al lector términos exóticos como Popobabawa, un mito difundido en la isla africana de Zanzíbar. Se trata de una criatura con cuerpo de enano y alas de murciélago que viola a los hombres por las noches, especialmente a los más incrédulos. Ya que la última oleada de ataques data de los años noventa, conviene hacer caso a Dimitri. “Si viajáis a Zanzíbar, estad atentos”.

Camelot: Capital Del Reino Del Rey Arturo

n palabras de los poetas medievales y otros escritores, Camelot fue la capital del reino del rey Arturo, el héroe británico que reinó en el seno de una brillante corte. Allí vivía el rey rodeado de sus caballeros de la Tabla Redonda: Gawain, Perceval, Lanzarote, Galahad y otros. Es mencionada por primera vez como sede de la corte de Arturo por el poeta Chrétien de Troyes en la segunda mitad del siglo XII. Adquirió gran importancia durante el XIII en el romancero francés, y desde entonces fue el lugar donde se situó la famosa Tabla Redonda.    
       
Mapa ampliable con detalles
Mapa de la supuesta ubicación de Camelot.

La Camelot de esos poetas se encuentra en una tierra inmemorial de bosques encantados y castillos misteriosos, pródigos en maravillas y magia. Allí, Arturo, junto a su compañera, Ginebra, reina a la cabeza de una orden de caballería basada en la de la Francia de principios de la Edad Media. Mientras tanto, los caballeros del rey Arturo parten en pos del Grial, pelean contra monstruos, rescatan a damiselas de las garras de malvados hechiceros, o caen en las redes de encantadoras damas que resultan ser hadas. Se enfrentan a peligros físicos y sobrenaturales, y como principio y fin de todas sus aventuras se erige Camelot, el centro de su universo.

La descripción de esa Camelot de novela es la de un castillo medieval que domina una ciudad, aunque su localización nunca queda totalmente clara. Sir Thomas Malory, escritor del siglo XV, la identificó con la ciudad de Winchester, en el sur de Inglaterra, ya que ésta fue la capital de los reyes sajones desde tiempos de Alfredo el Grande (849-899) hasta su conquista por los normandos (1066). Pero incluso Malory no es consecuente, y en una oportunidad la sitúa más allá de Carlisle, en el norte de Inglaterra.

 

Un Símbolo Del Orden

El poeta del siglo XII Layamón sugirió que el rey eligió esa forma para evitar disputas entre sus caballeros por prevalecer unos sobre otros.
La famosa Tabla Redonda del rey Arturo se encontraba, según los escritores de la Edad media, en Camelot.

Camelot está en todas partes y en ninguna, no es canto un lugar histórico como una ciudad idealizada. A partir de la Edad Media se convirtió en símbolo del orden en medio del caos, del estado ideal frente a la anarquía, de la civilización frente a la barbarie. Surgió y desapareció con Arturo: nadie reinó allí antes que él, y algunos autores medievales dicen que tras su muerte, el rey Marcos de Cornualles la destruyó. Pero, al igual que el propio Arturo, es imperecedera.

En el siglo XII, el escritor Geoffrey de Monmouth ofrece la primera descripción real de la corte de Arturo y la sitúa, no en Camelot, sino en Caerleon, al sur de Gales. Caerleon fue sede de una importante fortaleza de legionarios romanos y se enorgullece de poseer el anfiteatro romano tal vez más bello de Gran Bretaña.

En tiempos de Geoffrey aún podían verse las ruinas de las termas y de los sistemas de calefacción central; probablemente eligió esa ciudad como sede de la corte de Arturo simplemente porque la conocía bien y parecía haber sido en otros tiempos lo suficientemente esplendorosa como para ser la ciudad de Arturo.

Imagen de un anciano , que según algunos es el mago Merlín.

Geoffrey relata cómo Arturo celebró Pentecostés en Caerleon, en un festejo que duró cuatro días, durante el cual lucía su corona y era asistido por reyes, nobles y obispos súbditos suyos, como un rey normando de tiempos de Geoffrey. Entre los caballeros asistentes se encontraban Bedivere y Kay, y los cuatro días transcurrieron entre torneos y otros entretenimientos.

Caerleon -escribe Geoffrey- estaba situada sobre el río Usk, «que corría a un costado de la ciudad, y que los reyes y princesas que llegasen de allende el mar podían remontar con una flota de navíos. En la orilla opuesta, flanqueada de praderas y frondosos bosques, habían embellecido con regios palacios la ciudad, que con los aguilones de sus tejados, pintados de oro, podía equipararse a Roma». Su relato sobre Caerleon se convirtió en la base de las descripciones de Camelot, siendo que hoy se lo conoce esencialmente a través de ilustradores y cineastas, aunque actualmente se muestre como un castillo con pináculos y estandartes ondeantes como los de la alta Edad Media.

 

El Fuerte De La Colina De Cadbury

Representación del artista francés Gustave Doré (s. XIX) del castillo de Caerleon, en el susr de Gales.

El nombre de «Camelot» , utilizado por los escritores medievales, llevó a los posteriores arqueólogos a identificarlo con otros de resonancia similar. Algunos dijeron que se trataba del Camulodunum romano, Colchester, en Essex; otros lo ubicaron junto al Tintagel, en Cornualles, supuestamente cuna de Arturo, en una zona bañada por el río Camel. Sin embargo, el lugar que más alto proclama ser el «verdadero» Camelot es el castillo de Cadbury, al sur de Cadbury, en Somerset, cerca del pueblo de la reina Camel, que domina el cauce del pequeño río Cam.

La primera persona en identificar por escrito Cadbury con Camelot fue el anticuario del Rey, John Leland, quien escribió en 1542: «En el extremo más meridional de la comarca de South Cadbury se elevaba Camallate, que fue en su día una famosa ciudad o castillo…» Sin embargo, los lugareños parecen saber muy poco al respecto, y Leland tal vez llegó a la conclusión de que era Camelot por el nombre del pueblo: Camel. Pero también es posible que supiese de una auténtica tradición que se remontase a siglos atrás.

Pues si existió un Arturo histórico tras el legendario del romance, fue probablemente un jefe guerrero inglés del siglo XV, tras el período romano. Cadbury es considerada en la actualidad como la fortaleza más grande e impresionante conocida en la Gran Bretaña de aquel período, y se piensa que fue la sede de un rey que podía disponer de recursos inigualables en la Inglaterra de su época.

Contrariamente a los castillos medievales, Cadbury era simplemente una colina que había sido fortificada por los celtas con murallas de barro y fosos durante los últimos siglos a.C.

Las excavaciones han mostrado que el fuerte permaneció intacto durante la ocupación romana del sur de Gran Bretaña, que se inició en el 43 d.C., pero fue asaltado y tomado por los romanos dos décadas más tarde. Éstos desalojaron a sus habitantes, y durante unos 400 años el fuerte permaneció más o menos vacío. Cuando las legiones se retiraron, lo volvió a ocupar un jefe local bastante rico.

Hacia finales del siglo VI se construyó un edificio de madera sobre la meseta que domina el monte y se superpusieron nuevas defensas a las murallas superiores. Éstas eran muy elaboradas y evidentemente necesitaron gran cantidad de trabajo, lo cual suscitó la cuestión de quién, en aquel tiempo, podía disponer de la mano de obra necesaria. ¿Podría tratarse de Arturo?

Ciertamente, después de Leland, numerosas tradiciones vincularon a Arturo con Cadbury. La más notable de todas es la que afirma que en la cima de la colina, junto a los restos del edificio de madera, había un lugar conocido a finales del siglo XVI como el Palacio del rey Arturo.

 

La Última Batalla

Éste es un manuscrito flamenco de finales del siglo XV. La representación popular de Camelot es la de un castillo de cuentos de hadas, con pináculos y ondeantes oriflamas.
Cabalgando junto a sus caballeros, Arturo retorna a Camelot.

Muchos años atrás, un labrador que araba un campo junto al río Cam encontró unos esqueletos. Algunos piensan que ese descubrimiento refuerza la tesis de que, además de tratarse de Camelot, South Cadbury fue el escenario de la última batalla del rey Arturo. Las pruebas históricas de esa batalla se encuentran en los Anales de Gales, del siglo X, en los que alrededor de 539 d.C. aparece la inscripción: «La batalla de Camlann, en la que perecieron Arturo y Medraldo.»

La información procedía probablemente de otros anales anteriores, contemporáneos a tal suceso, y es lo más que han podido acercarse a un terreno firme los buscadores de Arturo. El nombre de Camlann deriva probablemente de la antigua voz inglesa Camboglanna, «orilla curva» , es decir, de un río sinuoso. Por ello se cree que el escenario de la última batalla fue el fuerte romano de Camboglanna, en el Muro de Adriano, posiblemente la moderna Birdoswald sobre el sinuoso río Irving.

 

Paisajes Artúricos

Una desgastada inscripción, sobre ésta losa plana de piedra, cerca del puente de Slaughter, a orillas del r�o Camel (Cornualles), originó la especulación de que señalaba la tumba del rey Arturo. (Foto ampliable con detalles)
Ésta podría ser la tumba del rey Arturo.

Pero cuando Geoffrey de Monmouth se puso a contar la historia de la batalla, sabía que la tradición galesa indicaba un Camlann en o cerca de Cornualles, y eligió el río Camel en ese país. En el siglo XVI se pensó que una vega junto al puente de Slaughter, que cruza el río Camel aproximadamente a una milla río arriba de Camelford, era ese lugar. Más arriba del puente de Slaughter, a orillas del Camel, aún se puede ver «la Tumba del rey Arturo» , una losa plana que, en el siglo XVI, los lugareños pensaron que llevaba el nombre de Arturo y que señalaba su tumba. Por su parte, Malory sitúa la última batalla en «una colina junto a Salisbury», no lejos de su Camelot, Winchester.

La verdad es que, a través de los siglos, los relatos sobre Arturo cautivaron de tal forma la imaginación nacional que cada región quería reivindicarlo, y muchos rasgos paisajísticos se vincularon a él. Éste es el Arturo, no del romance, sino del mito y la leyenda, la más de las veces una figura titánica capaz de dar forma a los numerosos Tejos de Arturo -cámaras funerarias prehistóricas, de las que sólo en Gales se encuentran nueve- o de sentarse en la Silla de Arturo, la gran roca volcánica que domina Edimburgo.

La muerte del rey Arturo por el pintor James Archer (siglo XIX).

Éste es también el Arturo que no murió, sino que duerme en un misterioso lugar subterráneo rodeado de sus caballeros. Varias grutas de Arturo en Gales lo esconden; y existen más de doce lugares donde se dice que duerme. Entre ellos están el castillo de Sewingshields, que se erigió junto al Muro de Adriano, y las colinas de Eildon, en la frontera con Escocia.

En el sur, descansa bajo el castillo de Cadbury en una cueva cerrada por puertas de hierro. Allí, según la tradición local, hay una noche al año en que se abren, y es posible verlo en el interior. La firme convicción de que Arturo nunca murió subsistió allí, a distancia visible de Glastonbury (donde, en 1191, se afirmó haber encontrado la tumba «oficial» de Arturo), al parecer hasta el siglo XIX cuentan que uno de los lugareños preguntó con inquietud a un grupo de arqueólogos que habían ido a Cadbury para ver «Camelot» si se iban a llevar al rey. Aunque no existiera nunca un Camelot, ni un Arturo, es evidente que ambos han alcanzado la verdadera inmortalidad.

MAYA, el mundo de las sombras

Nuestra consciencia aquí en la tierra no es sino un fragmento de esa gigantesca consciencia que denominamos COSMICA y que se encuentra dentro de cada uno de nosotros. Paracelso y otros muchos afirmaron que el ser humano es un sistema solar en miniatura, y realmente lo creían. Las imágenes de nuestra personalidad no son sino diminutos satélites de ese Sol central.Ese fragmento llega a obsesionarse con la personalidad y el mundo material sobre el que se proyecta; pero no es sino una sombra de ese Sol central. Estamos sólo medio despiertos. Creemos que somos realmente esa sombra. Compare con su propia naturaleza cualquiera de las sombras a las que da lugar y tendrá una analogía perfecta.Creemos que somos la sombra porque el mundo material nos empuja hacia ella.

Una y otra vez, tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo, grandes hombres nos lo han advertido: “Despierta tu que estás dormido y levántate de entre los muertos, y Cristo (el Sol que llevas dentro de ti) te iluminará”.

Este es el verdadero significado de la resurrección, que se refiere únicamente a ese momento en el que todos los hombres serán conscientes de cuál es su verdadera naturaleza y de que el mundo es sólo ilusión o MAYA.

¿En qué consiste el Maya?

Algunas opiniones experimentadas acerca del tema contribuirán a esclarecerlo, y la parábola de Platón nos convencerá de que estas proposiciones son ciertas.

Las formas físicas densas son una ilusión, pues se deben a la reacción del ojo ante las fuerzas del mundo material. La visión etérea, o la capacidad de ver la energía-sustancia, es la verdadera visión del ser humano, al igual que la forma etérea es la auténtica forma. Pero mientras la especie no haya evolucionado algo más, el ojo sólo será consciente y responderá a las vibraciones más intensas. Poco a poco se irá liberando de las reacciones toscas e inferiores y se irá convirtiendo en un verdadero órgano de visión.

Al llegar aquí quizá le resulte interesante recordar la teoría del ocultismo de que, según los átomos del cuerpo físico del ser humano continúan su evolución, van adquiriendo formas cada vez más perfeccionadas, encontrando finalmente su puesto dentro del ojo, primero de los animales y luego del hombre. Esta es la forma sólida más alta a que pueden aspirar, y señala la consumación del átomo de la materia sólida.

Desde el punto de vista del ocultismo, el ojo se forma a través de la interrelación de determinadas corrientes de fuerza, de las que hay tres en los animales y cinco en los seres humanos. Mediante su conjunción e interacción forman lo que se denomina “la triple apertura” o “puerta quíntuple”, a través de la cual el alma animal o el espíritu humano pueden “contemplar la ilusión que es el mundo”.

Nuestra mente es tan asesina de lo real como los sentidos, pues apenas puede ver las cosas más claramente que ellos. Se limita también al mundo de las tres dimensiones, cuando hay otras muchas en las que existe la verdadera naturaleza del ser humano…, y a las que se conoce en el ocultismo con el nombre de mundo NOUMENAL.

La ilusión

Los siguientes párrafos proceden de la obra The Secret Doctrine, de H. P. Blavatsky:

El hombre puede evitar el sufrimiento de las reencarnaciones e incluso la falsa felicidad del Devachan alcanzando la Sabiduría y el Conocimiento, que son los únicos capaces de acabar con los frutos de la Ilusión y la Ignorancia (Vol. 1, pág. 39).

El Maya o ilusión es un elemento que forma parte de todas las cosas finitas, pues todo lo que existe tiene una realidad no absoluta, sino sólo relativa, ya que la apariencia que adopte el noúmeno oculto para cualquier observador dependerá de su capacidad de conocimiento. Para el ojo no entrenado de los salvajes, un cuadro no es al principio sino una incoherente confusión de líneas y manchas de colores, mientras que un ojo educado verá inmediatamente un rostro o un paisaje. No hay nada permanente, salvo la existencia absoluta oculta que contiene en sí misma los noúmenos de todas las realidades. Las existencias pertenecen a todos los planos del ser, llegando hasta los Dhyan-Chohans más elevados, y tienen en cierta medida el carácter de sombras proyectadas por una linterna mágica sobre una pantalla incolora; no obstante, todas las cosas son relativamente reales, pues el conocedor es también un reflejo y las cosas conocidas son por tanto tan reales para él como él mismo. Cualquiera que sea la realidad que poseen las cosas debe buscarse en ellas antes o después de que hayan pasado como un relámpago por el mundo material; pero en tanto que dispongamos sólo de instrumentos sensoriales que únicamente traen la existencia material al campo de nuestra consciencia, no podremos conocer directamente ninguna de esas existencias. Cualquiera que sea el plano en el que pueda estar actuando nuestra consciencia, tanto nosotros como las cosas que pertenecen a ese plano serán de momento nuestras únicas realidades. Según vamos ascendiendo en la escala evolutiva vamos dándonos cuenta de que, durante las etapas por las que hemos atravesado, confundíamos las sombras con realidades, y que el progreso ascendente del ego consiste en una serie de revelaciones progresivas, trayendo cada avance la idea de que ahora, por fin, hemos alcanzado la “realidad”. No obstante, sólo nos veremos libres de los engaños y espejismos del Maya cuando hayamos alcanzado la Consciencia absoluta y hallamos fundido con ella la nuestra propia (Ibid.).

Los impalpables átomos del oro diseminados en una tonelada de cuarzo aurífero pueden resultar imperceptibles para el ojo del minero; pero no sólo sabe que están presentes, sino que son los que dan al mineral su inapreciable valor; y esta relación entre el oro y el cuarzo puede servir como débil ejemplo de la existente entre el noúmeno y el fenómeno. Pero el minero sabe cuál será el aspecto del oro una vez extraído del cuarzo, mientras que el mortal normal y corriente no es capaz de concebir la realidad de las cosas separada del Maya que las cubre y tras el cual se ocultan. Sólo los iniciados, enriquecidos por la sabiduría adquirida por incontables generaciones de predecesores, dirigen el “Ojo del Dangma” hacia la esencia de las cosas, sobre la que ningún Maya puede influir (Ibid. pág. 45).

La caverna de Platón

Uno de los temas más sencillos sobre los que meditar y que ilustra perfectamente la técnica aquí indicada es el de la caverna descripta por Platón en su obra La República. Se trata de un tema que, si meditamos profundamente sobre él, nos esclarecerá mucho las cosas. A continuación reproducimos el texto de Platón, y una ilustración de la gruta o caverna:

Ilustración de la caverna.

Ahora represéntate el estado de la naturaleza humana, con relación a la ciencia y a la ignorancia, según el cuadro que te voy a trazar. Imagina un antro subterráneo, que tenga en toda su longitud una abertura que dé libre paso a la luz, y en esta caverna hombres encadenados desde la infancia, de suerte que no puedan mudar de lugar ni mover la cabeza a causa de las cadenas que les sujetan las piernas y el cuello, pudiendo solamente ver los objetos que tienen enfrente. Detrás de ellos, a cierta distancia y a cierta altura, supóngase un fuego cuyo resplandor los alumbra y un camino escarpado entre este fuego y los cautivos. Supón a lo largo de este camino un muro, semejante a los tabiques que los charlatanes ponen entre ellos y los espectadores, para ocultarles la combinación y los resortes secretos de las maravillas que hacen.

– Ya me representó todo eso.

– Figúrate personas que pasan a lo largo del muro llevando objetos de todas clases, figuras de hombres, de animales, de madera o piedra, de suerte que todo esto aparezca sobre el muro. Entre los portadores de todas estas cosas, unos se detienen a conversar y otros pasan sin decir nada.

– ¡Extraños prisioneros y cuadro singular!

– Se parecen, sin embargo, a nosotros punto por punto. Por lo pronto, ¿crees que pueden ver otra cosa de sí mismos y de los que están a su lado, que las sombras que van a producirse enfrente de ellos en el fondo de la caverna?

– No.

– ¿Ni cómo habían de poder ver más, si desde su nacimiento están obligados a tener la cabeza inmóvil?

– Sin duda.

– Y respecto de los objetos que pasan detrás de ellos, ¿pueden ver otra cosa que las sombras de los mismos?

– No.

– Si pudieran conversar unos con otros, ¿no convendrían en dar a las sombras que ven los nombres de las cosas mismas?

– Sin duda.

– Y si en el fondo de su prisión hubiera un eco que repitiese las palabras de los transeúntes, ¿no se imaginarían oír hablar a las sombras mismas que pasan delante de sus ojos?

– Sí.

– En fin, no creerían que pudiera existir otra realidad que estas mismas sombras.

– Es cierto.

– Mira ahora lo que naturalmente debe suceder a estos hombres, si se les libra de las cadenas y se les cura de su error. Que se desligue a uno de estos cautivos, que se le fuerce de repente a levantarse, a volver la cabeza, a marchar y mirar del lado de la luz; hará todas estas cosas con un esfuerzo increíble, la luz le ofenderá los ojos, y el alucinamiento que habrá de causarle le impedirá distinguir los objetos cuyas sombras veía antes. ¿Qué crees que respondería si se le dijese que hasta entonces sólo había visto fantasmas y que ahora tenía delante de su vista objetos más reales y más aproximados a la verdad? Si enseguida se le muestran las cosas a medida que se vayan presentando y a fuerza de preguntas se le obliga a decir lo que son, ¿no se le pondrá en el mayor conflicto y no está él mismo persuadido de que lo que veía antes era más real que lo que ahora se le muestra?

– Así es.

– Y si se le obligase a mirar el fuego, ¿no sentiría molestia en los ojos? ¿No volvería la vista para mirar a las sombras, en las que se fija sin esfuerzo? ¿No creería hallar en éstas más distinción y claridad que en todo lo que ahora se le muestra?

– Seguramente.

– Si después se le saca de la caverna y se le lleva por el sendero áspero y escarpado hasta encontrar la claridad del Sol, ¿qué suplicio sería para él verse arrastrado de esa manera? ¡Cómo se enfurecería! Y cuando llegara a la luz del Sol, deslumbrados sus ojos con tanta claridad, ¿podría ver alguno de estos numerosos objetos que llamamos seres reales?

– Al pronto no podría. Necesitaría indudablemente algún tiempo para acostumbrarse a ello. Lo que distinguiría más fácilmente sería, primero, sombras; después las imágenes de los hombres y demás objetos pintados sobre la superficie de las aguas; y por último, los objetos mismos. Luego dirigiría sus miradas al cielo, al cual podría mirar más fácilmente durante la noche, a la luz de la Luna y las estrellas, que en pleno día a la luz del Sol.

– Sin duda.

– Y al fin podría no sólo ver la imagen del Sol en las aguas y dondequiera que se refleje, sino fijarse en él y contemplarlo allí donde verdaderamente se encuentra.

– Sí.

– Después de esto, comenzando a razonar, llegaría a la conclusión de que el Sol es el que crea las estaciones y los años, el que gobierna todo el mundo visible y el que es, en cierta manera, la causa de todo lo que veía en la caverna.

– Es evidente que llegaría como por grados a hacer todas estas reflexiones.

– Si en aquel acto recordaba su primera estancia, la idea que allí se tiene de la sabiduría y sus compañeros de esclavitud, ¿no se regocijaría de su mudanza y no se compadecería de la desgracia de aquéllos?

– Seguramente.

– ¿Crees que envidiaría aún los honores, las alabanzas y las recompensas que allí se daban al que más pronto observaba las sombras a su paso, al que con más seguridad recordaba el orden en que marchaban yendo unas delante y detrás de otras o juntas, y que en este concepto era el más hábil para adivinar su aparición; o que tendría envidia a los que eran en esta prisión más poderosos y más honrados? ¿No preferiría como Aquiles pasar la vida al servicio de un pobre labrador antes de recobrar su primer estado y sus primeras ilusiones?

– No dudo que estaría dispuesto a sufrir cuanto se quisiera antes que vivir de esa suerte.

– Fija tu atención en lo que voy a decirte. Si este hombre volviera de nuevo a su prisión para ocupar su antiguo puesto en este tránsito repentino de la plena luz a la oscuridad, ¿no se encontraría como ciego?

– Sí.

– Y si cuando no distingue aún nada y antes de que sus ojos hayan recobrado su aptitud, lo que no podría suceder sin pasar mucho tiempo, tuviese precisión de discutir con los otros prisioneros sobre estas sombras, ¿no daría lugar a que éstos se rieran, diciendo que por haber salido de la caverna había perdido la vista; y no añadirían, además, que sería de parte de ellos una locura el querer abandonar el lugar en que estaban, y que si alguno intentara sacarlos de allí y llevarlos al exterior sería preciso cogerle y matarle?

– Sin duda.

– Y bien, ésta es precisamente la imagen de la condición humana. El antro subterráneo es este mundo visible; el fuego que le ilumina es la luz del Sol; este cautivo, que sube a la región superior y que la contempla, es el alma que se eleva hasta la esfera inteligible. He aquí, por lo menos, lo que yo pienso. Sabe Dios si es conforme con la verdad. En cuanto a mí, lo que me parece en el asunto es lo que voy a decirte. En los últimos límites del mundo inteligible está la idea del bien, que se percibe con dificultad; pero una vez percibida no se puede menos de sacar la consecuencia de que es la causa primera de todo lo que hay de bello y de bueno en el Universo; que, en este mundo, visible es la que produce la luz y el astro de que ésta procede directamente; que en el mundo invisible engendra la verdad y la inteligencia; y en fin, que ha de tener los ojos fijos en esta idea el que quiera conducirse sabiamente tanto en la vida pública como en la privada.

– Soy de tu dictamen en cuanto puedo comprender tu pensamiento.

– Admito, por lo tanto, y no te sorprenda, que los que han llegado a esta sublime contemplación desdeñen tomar parte en los negocios humanos, y sus almas aspiran sin cesar a fijarse en este lugar elevado. Así debe suceder si es que ha de ser conforme con la imagen alegórica que yo he trazado.

– Sí, así debe ser.

– ¿Es extraño que un hombre, al pasar de esta contemplación divina a la de los miserables objetos que nos ocupan, se turbe y parezca ridículo, cuando antes de familiarizarse con las tinieblas que nos rodean se vea precisado a entrar en discusión ante los tribunales o en cualquier otro paraje sobre sombras y fantasmas de justicia y explica cómo él las concibe delante de personas que jamás han visto la justicia en sí misma?

– No veo en eso nada que me sorprenda.

– Un hombre sensato reflexionará que la vida puede turbarse de dos maneras y por dos causas opuestas: por el tránsito de la luz a la oscuridad y por el de la oscuridad a la luz; y aplicando los ojos del alma, lo que sucede a los del cuerpo, cuando vea a aquélla turbada y entorpecida para distinguir ciertos objetos, en vez de reír sin razón al verla en tal embarazo, examinará si éste procede de que el alma viene de un estado más luminoso, o si es que al pasar de la ignorancia a la luz se ve deslumbrada por el excesivo resplandor de ésta.

Resumen

Debemos estudiar la verdadera naturaleza del TERCER OJO en el siguiente marco:

  1. La materia no es sino vacío.
  2. El mundo que nos rodea es MAYA, una ilusión.
  3. Todo es energía.
  4. El tiempo es flexible, y la interpretación de su transcurso depende de los estados de consciencia que, como ocurre en la meditación, son susceptibles de cambiar.
  5. Nuestro equipamiento sensorial es defectuoso o, en el mejor de los casos, poco fiable.

Por otro lado, tenemos a nuestro favor que:

  1. Todo es energía, incluido nosotros mismos. Lo único que tenemos que hacer para convertirnos en uno con la nota vibratoria de otra cosa o persona es cambiar nuestra propia nota vibratoria.
  2. El tiempo esta de nuestra parte… Según George Russell: “Los que nos sabemos inmortales, podemos vivir alegres”. Y según otro filósofo: “El fin de todo Yoga es la inmortalidad”.
  3. No somos sino embriones espirituales. Nuestra potencialidad es inmensa. El cerebro humano es como un valiosísimo ordenador electrónico perfectamente mantenido, pero casi silencioso. Si se dedicara toda la riqueza y todos los científicos del mundo a la construcción de una réplica mecánica del cerebro humano, no habría esperanzas de completarla en un futuro próximo. Y, sin embargo, poseemos dentro del cráneo algo tan enormemente valioso. Y nuestras posibilidades en relación con las estructuras superiores de la materia contenidas en nuestros cuerpos sutiles son aún mayores y más complejas.
  4. Poseemos dentro de nosotros poderes latentes. Se revelan en la enorme variedad de fenómenos paranormales agrupados con el nombre de Percepción Extrasensorial y que están al alcance de todos los seres humanos. Cualquier persona dormida demuestra tener esa clase de poderes. Si pudiésemos permanecer conscientes mientras el cuerpo físico duerme, seríamos capaces de reconocer y utilizar nuestros poderes psíquicos. Como alma, todo ser humano posee esos poderes. Lo único que ocurre es que, al engolfarnos en el Maya, en la Gran Ilusión, nos hemos olvidado o perdido memoria de nuestras almas.

La recuperación de esa memoria, o AUTO-REMEMORANZA, no es sino el despliegue del TERCER OJO.

El alma del hombre es inmortal, y su futuro es el de algo cuyo crecimiento y esplendor no tienen límites.

El principio que da vida se alberga en nosotros y fuera de nosotros; lo impregna todo, es eternamente benefactor, no se puede ver ni sentir, pero es percibido por el hombre que anhele la percepción.

Cada ser humano es su propio y absoluto legislador, el encargado de dispensarse gloria o desdicha; el que decreta su propia vida, sus recompensas o castigos.